GLITCHES EN LA MATRIX Y SINCRONÍAS DE ANDAR POR CASA ⌚️

Do not try to bend the spoon — that's impossible. Instead, only try to realize the truth: there is no spoon.

― Spoon boy, The Matrix


Lo que te voy a contar a continuación, no es un relato de ficción, ni parte de una de mis novelas. Se trata de un día cualquiera, en el que me levanto y me voy a trabajar, haciendo una jornada como cualquier hijo de vecino, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Quizás lo único que me temo, es que conforme avances en la lectura, vas a pensar: Perdona... ¿un día cualquiera?

Y la verdad es que sí, pero con un matiz no menos importante: no todo lo que te cuento ocurrió en el mismo día, pero digamos que ciertos fenómenos los observo prácticamente a diario. En otros casos, de forma única, puntual y exclusiva. Y en otros, de forma ocasional o esporádica. Te lo he juntado todo en una sola jornada, para que te resulte más ameno. Ahora, todo lo que se narra a continuación, ha sucedido tal cual te lo voy a contar:

Son las 7 de la mañana y me apetece cualquier cosa menos levantarme, pero qué se le va a hacer. Me incorporo sin pensármelo, y subo las persianas para que entre la luz. Me asomo por la ventana y sin demasiada sorpresa, veo que se me cruza a poca distancia una vieja amiga: una gaviota a la que llevo viendo, me levante a la hora a la que me levante, y que siempre vuela de la misma manera, pasando prácticamente a la misma distancia de mi ventana.

No tendría que ser extraño, si no pasara prácticamente a diario de la misma manera. Añadiendo además, que esto ya me ocurría también de manera casi exacta, en mi anterior piso, ya que me mudé hace unos meses y cambié de ciudad. Vivo cerca del mar, hay gaviotas... eso no es extraño. La cuestión es que ocurre de manera prácticamente idéntica cada mañana, sin exageración.

UNA SINCRONÍA DE LAS BUENAS


Me hago un café, mientras pienso que tengo que llamar a un amigo del cual no sabía dónde estaba, hasta hace poco que retomamos el contacto. Y el hecho es que cuando me estaba mudando, yo le ubicaba en Barcelona, hasta que un día me llamó, porque es cierto que soy bastante descuidado, con algunas amistades, y siempre me tiene que terminar llamando él. Tengo que hacérmelo mirar, porque uno se hace viejo, y los buenos amigos que quedan, pueden contarse con los dedos de una mano.


Pues bueno, él no sabía que yo me estaba mudando, porque llevábamos algo más de un año sin contactar por mi culpa. Cuando veo su llamada perdida, inmediatamente la devuelvo, y nos ponemos a hablar: le digo que cambio de trabajo, y me estoy mudando a una nueva ciudad. El no me dice nada, me escucha y me deja terminar… y al final me pregunta, si le estoy vacilando. Pero ¿por qué?

Me dice que ya me daba por perdido, al no haberle cogido el teléfono, porque siempre me tiene que llamar él y está harto. Y lo de que si le estaba vacilando, venía a cuento, porque él ya llevaba 6 meses viviendo, en la misma ciudad, a la que yo me estaba mudando, cuando yo a él le hacía en Barcelona. Y me confesó que me terminó llamando, por qué se sentía obligado aunque estuvo a punto de pasar de mí, pero que algo por dentro, le decía que tenía que hacerlo. Pues ahora somos prácticamente vecinos. Cosas que pasan, casualidades ¿verdad? Le escribo para tomar una cerveza el jueves. Y así nos guardamos una tarde.

A todo esto, miro la aplicación de la EMT, mientras recojo con prisa para salir, y veo cuánto le queda al autobús para pasar a mí altura. Bajo prácticamente corriendo y como cualquier otro día, cojo el autobús para ir a trabajar, y como es costumbre, miro al cielo por si hay suerte y nos dan un poco de descanso, para poder disfrutar de un cielo natural.

El cielo de momento está despejado, pero ya aprecio algunos patrones en las pocas nubes que hay, que me indican que están lanzando ondas en baja frecuencia. ¿Nunca te has preguntado porque todo el mundo no se rebela por hartazgo y sale a la calle, cuando nos han apretado tanto? Por ahí va la cosa... A estas formas en las nubes, las llamo “las rufless”, porque pintan en franjas delgadas paralelas, que serían imposibles de reproducir naturalmente. Me recuerdan a las patatas fritas de bolsa, por eso las llamo así.

LA BÓVEDA ARTIFICIAL Y LA LUNA


Y muy probablemente conforme avance la mañana, se vayan cerrando las nubes de forma artificial, conformando un entramado macizo, una bóveda blanquecina, que hará que las nubes que han quedado debajo, hagan de pantalla y no dejen pasar el sol; y aparte de ello, haga algo de más frío. Parece que nadie se da cuenta y que a nadie le importa (I).


Hace un par de días que fue luna llena, y en esos días posteriores, veo también como la luna, todavía visible de día, se va volviendo conforme avanza el trayecto, poco a poco más translúcida. No se aprecia una sola sombra, que por cierto deberíamos ver a plena luz del día, y más con el sol ya bien amanecido. Pero eso nunca pasa, ni ahora ni nunca con la luna.

Es como si en lugar de ser material, sólida y consistente, de forma que pudiera oponer sombra alguna, que sería lo físicamente lógico y normal, en lugar de ello... va perdiendo su consistencia y se funde en el azul del cielo, hasta desaparecer. Parece que nadie se ha dado cuenta y que a nadie le importa (II).

Voy bien de tiempo y todavía me quedan 15 minutos antes de entrar. De camino me dirijo al único bar del polígono a por un café para llevar. Todo normal, aquí no hay nada extraño salvo la calidad del café, que es bastante mala, y por ser el único bar del polígono, digamos que no tiene la necesidad de competir, y que el café deja bastante que desear.

Con el café ya en la mano voy a paso ligero, porque quiero ser puntual para llegar al trabajo, a pesar de saber que en el fondo de todo, en esta Matrix, hay más de una mentira y que dentro de este escenario qué podría ser cualquier otro, vivo en sociedad y tengo una función que cumplir. Soy consciente de que estoy en una Matrix mientras miro al sol, justo antes de pasar la garita de seguridad.

El sol de cara no me hace daño a la vista, porque en lo que he tardado de camino desde casa, ya se encuentra prácticamente tapado por esa pseudo-calima, que cada vez es más frecuente y repetitiva. El cielo ya está prácticamente blanco: un blanco químico asqueroso, cuando un cielo natural aquí y en cualquier parte, es de color azul. Pero parece que nadie se ha dado cuenta y que a nadie le importa (III).

PARECE EL SHOW DE TRUMAN PERO NO...


Me encuentro con un compañero y empezamos a caminar juntos. Y como si estuviera planeado, de pronto aparecen cuatro coches de la nada. Salen a la vez de 4 salidas de distintas naves. Es un polígono y no hay tanto tráfico, como para poner semáforos, pero da igual: nos ha pillado justo en medio del cruce de caminos, y no nos podemos mover de ahí, hasta que se aclaren, porque tenemos todos los pasos cerrados. No estamos ni a 10 metros del acceso. Parece de coña.


Me recuerda a la escena del show de Truman, en la que quiere romper su rutina habitual, y tratan de impedírselo a toda costa, cerrándole el paso, con peatones, coches, autobuses y bicicletas. Pero en mi caso es al revés, solo quiero seguir con mi rutina y llegar puntual al trabajo. Miro el reloj y solamente quedan 2 minutos para fichar a tiempo. ¿Qué ha pasado ahora con el tiempo? Aquí hay algo que no encaja.

Conseguimos pasar la garita y damos los buenos días muy deprisa, casi huyendo, tratando de no alargar la conversación porque vamos con la hora pegada al culo. Puede resultar descortés y no me gusta ser así, pero es que llegamos muy justos. Normalmente “el peaje” de acceso, es una conversación breve y un saludo amistoso, con el compañero que está de control de entrada. Eso sería lo normal, pero hoy no hay tiempo.

Ahora doblo la esquina y no me lo puedo creer... un gato negro en la misma puerta de la entrada a las oficinas. Ahí lo tienes: plantado como si estuviera esperando para dar los buenos días. Pero en vez de los buenos días, obviamente maulla, porque es lo que hacen los gatos. Y este gato es normal: lo que no es normal, es que se me crucen prácticamente a diario. Te puede recordar a la escena del deja vu de Neo en Matrix, pero no va por ahí la cosa. Quizás más tarde sí, ya lo verás.

Los gatos callejeros suelen salir corriendo cuando se acerca gente, pero este gato, en lugar de salir corriendo, o irse a otro lado… se queda allí plantado maullando, y mirando a todo aquel que pasa hasta que entra, como dando “su visto bueno gatuno interdimensional”. No seré tan egocéntrico, en pensar que el gato me estaba esperando exclusivamente a mí. Pero por otra parte, no podía ser de otro color el gato, por supuesto… tenía que ser negro.

Hasta aquí te he contado el trayecto de casa al trabajo. Ahora pasamos al trayecto contrario, del trabajo a casa, que tampoco tiene desperdicio. Salgo prácticamente corriendo, porque en la aplicación de la EMT no veo cómo avanza el autobús, que debería estar cerca de mi posición, y temo que justo ese día, haya podido pasar más rápido de lo habitual. Y perder el autobús del polígono a casa, es una auténtica putada, porque hasta que pase el siguiente, te puede dar más de una hora esperando perfectamente.

¿MILITARES EN LA ZONA?


Llego a la parada, que es una parada por decir algo, ubicada en el margen de la carretera, en un pequeño área de descanso, que simplemente es un arcén ampliado. Si estás cansado y el día ha sido duro, esperas que el autobús llegue cuanto antes, porque es un sitio que da un poco de bajón. Afortunadamente ahora sí me funciona la aplicación, y veo que el autobús está todavía por llegar. Respiro y me relajo.


Mientras espero, aprovecho para mirar al cielo una vez más, y veo de pronto acercarse volando muy bajo, un pedazo helicóptero militar, de color negro sin un solo distintivo, número, logo o identificación, que además no hacía nada de ruido. Semejante bicharraco se oiría a distancia, y más volando tan bajo. Pues este no, este helicóptero pasó como un fantasma.

Enseguida saqué mi móvil, para hacer una captura de vídeo. Pero con la mierda de cámara que tengo, a pesar de que volaba muy bajo apenas se conseguía ver un miserable punto en la grabación. Quizás por cosas como esta, la tecnología que dejan accesible al ciudadano, es tan pobre. Después quieres grabar algo en condiciones, y es imposible hacerlo bien.

Escribo enseguida a un amigo y se lo cuento. A los 2 minutos me responde con una captura de Twitter, que hace un rato han visto no solamente uno, sino dos helicópteros negros por la misma zona. Bueno, parece que no es solo cosa mía. Pero espera: lo mejor para el final...

CUANDO VES ALGO QUE SABES QUE ES IMPOSIBLE


Llega una chica a la parada con la que suelo coincidir y siempre hablamos un rato. Estábamos manteniendo una conversación sin importancia, cuando por el rabillo del ojo a unos escasos metros, sentía algo negro en el cielo, y pensé: el puto helicóptero otra vez. Pero no, levanté la mirada y no me lo podía creer. Hice como si no hubiera visto absolutamente nada y seguí hablando con la chica. Pasaron unos segundos, volví a mirar y ahí seguía.


Querido amigo: lo que estaba viendo, era un pájaro que se había quedado literalmente parado como si lo hubieran dado al pause, a escasos metros sobre nuestras cabezas. Como si estuvieras viendo un vídeo de un pájaro volando, le das al stop... y el pájaro se queda ahí “muñeco”. No podía disimular más, porque yo pensaba que estas cosas solo pasaban en los vídeos trucados de YouTube, pero no.

Y para hacer la prueba, de que sí lo que yo estaba viendo, lo estaba viendo yo solo, poniendo una expresión lo más tranquila y serena que pude, le pregunté a la chica a riesgo de parecer alguien, que ve “cosas raras”, señalando con la mirada: Oye ¿tú también lo ves? La chica miró dónde estaba señalando y le cambió la cara. Porque eso no podía estar pasando, los pájaros no se quedan absolutamente congelados en pleno vuelo.

Pero ahí estaba el pajarraco, que debería estar volando, o al menos moviéndose un poco, planeando, o haciendo “cosas de pájaro” en el aire, pero no… estaba totalmente quieto e inmóvil, cosa que es absolutamente imposible. Así se mantuvo unos segundos más, hasta que alguien le volvió a “dar al play” y el pájaro, empezó a volar como si nada hubiera pasado.

Estuvimos comentando la jugada un poco más, hasta que por fin llegó el autobús y después al coincidir en los siguientes días, no hemos vuelto a hablar de ello. Hay gente a la que le gusta meterse en líos y en problemas, personas que buscan que les pasen cosas, y que quieren vivir experiencias fuera de lo normal. Yo soy más bien lo contrario: más de ir de casa al trabajo y del trabajo a casa, salir a tomar algo y comer fuera los fines de semana.

Pero que después de una jornada tal, que venga alguien y me diga, que no vivimos en una Matrix y que todo esto, no es más que un escenario preparado, mucho me temo que con fines poco nobles, por alguien que tiene más conocimiento que nosotros, acerca de la verdadera naturaleza de la realidad.

Somos antihéroes en un mundo que ha dejado de creer en los hombres buenos.

Comentarios

  1. El pause de la foto del pájaro son las torres gemelas de NYC.

    https://i.pinimg.com/originals/8a/67/52/8a6752ea6eda2b71a8f85e9eb0b15415.jpg
    [Man on wire film]

    El pájaro simboliza el alma salida del Sol.

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