¿POR QUÉ QUEREMOS QUE NOS QUIERAN? 💝

Dear Scarlett! You aren't helpless. Anyone as selfish and determined as you are is never helpless. God help the Yankees if they should get you.

― Rhett Butler, Gone with the Wind

¿Sabes que la población mundial se puede dividir en dos? Ojo, pero no solo de una única forma: estamos los fumadores y los no fumadores, los que dicen la verdad y los que mienten, los que son queridos y los que no lo son, los buenos y los malos, feos y guapos y podríamos seguir así hasta el infinito. Si esta polaridad fuera real, estaríamos todos en guerra. Hay una tercera categoría: sí la hay y que además vale para enfriarlo todo. Yo la voy a colocar entre el amor y el odio: te hablo de la indiferencia.


Como en los ejemplos anteriores, podemos hablar de los que se preocupan y de los que pasan de todo. Los que se preocupan, suelen pasarlo mal porque creen que todo depende de ellos. Están pendientes de todos los detalles, de todas las alertas y de todas las reacciones. Duermen mal porque siempre tienen algo rondándoles la cabeza, algún problema sin resolver, o algún imprevisto que no saben cómo encajar.


A los que pasan de todo, bueno… lo que les caiga les pilla de regalo porque no se han esforzado por conseguirlo. Duermen de putísima madre, porque no tienen conciencia alguna de que algo depende de ellos, más bien lo contrario: cuentan con que va a ser otro el que se coma el marrón, y cuando salta un problema, nunca va con ellos y no se sienten parte de la solución, simplemente miran hacia otro lado que les vaya mejor y no se preocupan en como terminará.

Los indiferentes son otra historia, porque no les pillas ni en una esquina ni en otra; porque básicamente es como si no hubiera nadie al otro lado. ¿Hay alguien ahí? Sabes que lo hay, pero solo recibes vacío. Uno puede picar sobre mármol, puede ser rechazado contra un muro, puede ser odiado, querido, puede ser contestado con un sí o con un simple NO. La indiferencia es un vacío, que consume la energía de aquellos que intentan relacionarse con ella. Es como echar monedas a un pozo sin fondo. Un túnel sin salida en una sola dirección.

Ahora bien, después de los lloros y las lamentaciones, que las hay, las ha habido y las habrá, empecemos con las soluciones: los demás no tienen más poder sobre nosotros que el que nosotros mismos les damos. Si estás siempre ahí, si eres una constante, puede que tu presencia se de tan por hecho y tan de facto, que pases a ser un mueble. Da igual lo bueno que seas, lo que digas o lo que hagas: siempre estás allí. Eres justo lo contrario que el vacío y la indiferencia, y por tanto si lo haces todo tú, la otra parte jamás se sentirá motivada a mover un dedo. Es la ley de la atracción universal entre dos cuerpos.


Conseguir algo de alguien, como puede ser la aprobación, el reconocimiento, el valor, es el mayor generador de rechazo y de indiferencia con el que una persona puede enfrentarse a la hora de entablar una relación. Si persigues esa validación por parte de alguien, es que estás poniéndote a ti mismo en un escalón inferior para que te aprueben. Estás dándole más valor a esa otra persona, que a ti mismo: estás pidiendo que te quieran. De una forma muy sutil, pero es lo mismo de siempre: todos queremos que nos quieran, de una forma u otra.

El vacío o esa indiferencia que podemos percibir, no es más que el reflejo de ese agujero que ya tenemos dentro y que necesitamos llenar; porque no quieres a esa persona… necesitas o quieres algo de esa persona. Hay personas que van a centros comerciales a comprar compulsivamente para llenarse, otras comen o beben de forma desmedida, otras toman drogas, y otras… se pretenden alimentar de otras personas. Todos buscan llenar ese vacío con algo.

Cuando te sientes incómodo, cuando no te sientes bien contigo mismo, cuando te sientes solo… me juego lo que quieras a que te estás comprando con alguien, que crees mejor que tú, más reconocido y al que todo le va mejor que a ti. Si trabajas por mejorar para llegar a ser mejor, debes hacerlo por la razón correcta: por ti y no para que otros o los demás lo vean. Para compartir, inspirar, pero no para obtener. Porque si lo que quieres es llenar ese vacío, solo lo vas a conseguir trabajando para ti mismo, para construirte tú.


Ahora quizás te des cuenta, el por qué la gente más admirada, más famosa o más respetada, pueden tender a sentir desprecio por todo lo que les rodea. Saben que no es genuino, saben que lo que quieren los demás es un pedazo de ese halo de éxito. En pocas palabras, no les quieren por lo que son, sino por lo que tienen, o por lo que representan. Si tú fueras capaz de sentirte bien sin necesidad de recurrir a buscar tu bienestar o tu plenitud en tras personas externas, serías tú la fuente y te relacionarías de otra forma más sana. No sentirías la necesidad de que te validaran, te dieran un valor o permiso.

Nadie tiene la varita mágica para convertirte en otra persona mejor, más que tú mismo. Los demás te van a tratar como tú permitas que te traten si tu te pones un escalón por debajo y dentro de ti así lo sientes, es como los demás te van a ver, porque eres tú mismo el que se ha etiquetado de esa forma. Esos juicios, esas ideas preconcebidas y esas creencias que te limitan, te están impidiendo mostrar y sacar a luz tu verdadero potencial. No hablamos de ser dioses del Olimpo, hablamos de ser personas capaces de crecer más allá de lo que todos ven. Por eso si te digo que te lo creas, créetelo: aunque solo sea un poquito; pero eso solamente puedes hacerlo tú. Créetelo y verás como dejas de perseguir a gente para que te quieran y te valoren.

Nunca pensé que fuera a decir esto antes, pero es cierto: el poder está en tu mente.

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