LAS ALMAS NUNCA VIAJAN SOLAS馃實

There is no beginning. There is no end. There is only change. Don’t get addicted to being human, this is only temporary.

― Robert A. Monroe, Far Journeys


Podr铆a imaginar algo parecido a un salto en paraca铆das, pero sin el propio paraca铆das. Estamos todos rodeando la plataforma de salto, y ni siquiera nos miramos unos a otros con incertidumbre, porque ya estamos preparados para saltar y enfocados en el destino elegido. En ese momento no tenemos miedo, solo un trabajo que realizar.

EL SALTO A ESTA REALIDAD


Somos semillas. Y esto no lo digo porque tenga un momento hippie sensible ecol贸gico. Hemos sido esparcidos, con el prop贸sito de germinar en el momento adecuado. Cuando uno ve la semilla, solamente ve potencial. Pero ah铆 ya viene recogida toda la informaci贸n necesaria, para que se desarrolle la planta. Solamente necesita un medio adecuado.


De ni帽os todos hemos imaginado c贸mo ser铆amos de mayores, independientemente de los miedos asociados a la infancia, y a la imagen que ten铆amos de nuestros padres. Muchos de nosotros nos hab铆amos proyectado para algo grande, o para al menos, cumplir con alguna vocaci贸n en un sue帽o de 360° sin barreras, de aquellos que solamente tienen los ni帽os.

C贸mo semillas caemos sin paraca铆das a un mundo, en el que no estamos seguros del suelo que nos va a tocar, manteniendo en nuestra gen茅tica el ideal de lo que podemos llegar a ser en condiciones 贸ptimas, para perder la consciencia de lo que realmente somos, una vez estamos fijados en el suelo para germinar, rompiendo la protecci贸n que ten铆amos.

A veces me pregunto si cuando dimos el salto a esta realidad, lo hicimos con los ojos cerrados para no tener miedo de donde caer. Aunque cada vez me queda m谩s claro, que hasta que no caminamos por nuestra propia experiencia, aunque creamos tenerlo todo claro sobre el papel, una cosa es conocer el camino y otra es andar el camino.

UN ALMA, UNA SEMILLA


El sue帽o de un ni帽o y la ca铆da de una semilla se parecen en mucho. Si la semilla cae donde tiene que caer, o donde supuestamente est谩 programado que caiga, es porque se dan las circunstancias naturales o artificiales, para que germine y sea lo que verdaderamente es: una planta que crezca libertad, o un producto de la agricultura dise帽ado para ser explotado.


Mirando a las plantas podemos aprender mucho sobre la propia naturaleza de la realidad. Las plantas que crecen en libertad, desarrollan mecanismos para liberar siempre una cantidad mucho mayor de semillas o esporas, porque no es seguro que vayan a germinar el 100% o bien, que el propio medio pudiera sustentar esa carga vital con sus recursos.

Mientras que las plantas que se cultivan, producto de la agricultura, se hacen germinar en superficies y l铆neas calculadas, con recursos m谩s o menos controlados, como exposici贸n al sol, niveles de nitr贸geno, f贸sforo y potasio en el suelo, contenido de materia org谩nica, riego, etc. Aqu铆 las cantidades de semilla se calculan, incluso la distancia en la l铆nea entre ellas.

La cuesti贸n es, en qu茅 forma estamos viniendo ocupar un lugar en esta realidad ¿somos esporas de un helecho De latitudes tropicales capaces de crecer en cualquier lugar con humedad? o ¿somos tub茅rculos alterados gen茅ticamente y programados para acumular az煤cares, esquilmando recursos del suelo para ser arrancados y ser vendidos al peso?

NOS RECONOCEMOS: CONEXI脫N Y SINCRON脥AS


Esa sensaci贸n de cuando ves a alguien por primera vez, o empiezas a entablar una conversaci贸n y existe una qu铆mica que provoca una familiaridad que no puedes explicar... Compatibilidad y reconocimiento, que podemos traducir en una secreci贸n de feromonas, en una identificaci贸n por olores, en un rapport f铆sico, o en la frecuencia del timbre de la voz.


De todas estas formas, podemos reconocernos si nos limitamos solamente a un materialismo cient铆fico, pero como suele pasar cuando utilizamos esta barra de medida, nos quedamos muy cortos. Si la intuici贸n y la sincronicidad, pudieran pesarse en kilos, el materialismo cient铆fico las dar铆a por v谩lidas, solo por poder ver, acotar y cuantificarlas.

Y en los periodos de cambio, como los que estamos viviendo en esta 茅poca en la que hemos elegido estar, en los que ocurre de todo: tanto bueno como malo, las sincron铆as se dan con mucha m谩s frecuencia, porque todo ocurre de una forma mucho m谩s concentrada en el tiempo, ya que todos estamos notando... que todo ocurre mucho m谩s deprisa.

Lo improbable se hace real y al acelerarse el tiempo, aumenta tambi茅n la frecuencia de sucesos independientes, que entran en el c谩lculo de la probabilidad de lo que puede pasar, literalmente cualquier cosa puede ocurrir, en el sentido en que elijamos enfocarlo. Cuando pensamos en alguien, las distancias desaparecen, tanto en tiempo como en espacio.

PODEMOS ESTAR DISPERSADOS PERO NUNCA SOLOS


Si tuvi茅ramos memoria para recordar lo que hemos pactado y firmado, antes de caer en esta realidad, estoy seguro de que la urgencia por vivir que nos invadir铆a, superar铆a en mucho al miedo de tomar decisiones, encaminadas hacia el trabajo que hemos venido a desempe帽ar. Probablemente buscar铆amos a quienes dieron el salto a la vez con nosotros.


De una forma u otra, nunca hemos venido solos. Ciclo tras ciclo con m谩s o menos consciencia de nuestra verdadera naturaleza, seg煤n una programaci贸n o seg煤n una misi贸n, pero siempre con un trabajo a realizar. Siempre hemos sido los mismos, en distintas 茅pocas y lugares pero siempre en grupo, y ahora cada vez m谩s. Porque somos muchos m谩s.

Somos muchos m谩s, porque la procedencia original, se ha abierto a varias fuentes. Esto no es ni bueno ni malo: solo queda claro que est谩 pasando algo importante en nuestra realidad tridimensional, y que cada vez m谩s almas, quieren ser part铆cipes de lo que ocurre. Podemos ser simples testigos pasivos, o actores activos protagonistas de nuestro propio tiempo.

Estamos conectados, pero no como una red colmena. Lo estamos porque muchos venimos del mismo sitio, nos guste o no, lo creamos o no. Al final creerlo o no, es lo de menos. La realidad nos empuja a reaccionar en un entorno, con unas condiciones que apenas dejan margen para no reaccionar. Es la dualidad: a la vez que elegimos, tambi茅n renunciamos.

Somos antih茅roes en un mundo que ha dejado de creer en los hombres buenos.

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