EL CICLO DE REENCARNACIÓN: UN PROCESO CIENTÍFICO INDUSTRIAL🔋⚙️🌐

He descubierto que la forma más segura de acabar reencarnado como miembro de un grupo concreto de personas, ya sea una religión, raza, nacionalidad o cultura, es haberlo odiado en una vida anterior, haber demostrado prejuicios o violencia contra él.

― Brian Weiss: Muchos cuerpos, una misma alma.


Las religiones llamadas dhármicas que vienen del hinduismo, afirman que la reencarnación es un ciclo que se da infinitamente, hasta que se alcanza la perfección en vida. Hasta que las buenas acciones, metas espirituales o dharma, no sean suficientes para compensar el karma generado en todas nuestras reencarnaciones, no seremos liberados de este ciclo.

KARMA Y DHARMA ¿DÓNDE ESTÁ LA TRAMPA?


Si la entropía es el grado de desorden de un sistema, entendido como que cada acción afecta de forma irreversible al entorno donde se aplica, el karma es semejante a la entropía, siendo el entorno dónde se aplica, la dinámica de la vida humana, que nos dice que por cada acción, pensamiento o deseo que un individuo realiza, habrá una reacción acorde.


El dharma es el conjunto de buenas prácticas y acciones encaminadas, a seguir los mandamientos o pautas de una religión, que a modo de guion establecido, marcan el camino a seguir, de forma que siendo fieles a ese código de vida, vayamos mejorando hasta alcanzar esa perfección, que nos liberaría de este ciclo continuo de reencarnación.

Aceptar esos códigos de vida nos supone un contrato, cuyas implicaciones podemos intuir en la vida presente, pero cuya trascendencia posterior desconocemos, al no disponer de toda la información acerca de la naturaleza de la realidad, y quiénes han sido los artífices o diseñadores de este mecanismo, podemos estar acordando una perpetua esclavitud.

UN CONTRATO DE RECICLAJE CON LOS CARCELEROS


Si en el propio código de conducta aceptado como estilo de vida, que ni siquiera tiene que ser una religión, van implícitos los pasos que te garantizan que una y otra vez, estarás generando un continuo karma incompensable en la vida presente, ese dharma ofrecido como llave y promesa de libertad, no es más que el candado de la jaula y vuelta a la rueda.


Quién diseña el sistema y hace la ley, hace la trampa. Es como trabajar en una empresa, en la que cada vez que tienes vacaciones, el jefe no deja de llamarte sin respetar tu tiempo de descanso, recordándote continuamente que has de volver, porque tienes obligaciones que cumplir, acorde a un supuesto código de “buen trabajador” que es implícitamente esclavo.

Mientras sigas ese código de conducta “de ser bueno” no te van a dejar en paz, y vas a ser reclamado continuamente, porque aceptas un contrato cuyas cláusulas son abusivas. Y cada vez que quieras salir, vendrá ese jefe cabrón explotador, a recordarte lo que has firmado poniéndotelo en la cara, reprochándote y amenazando que “habrá consecuencias”.

UNA INDUSTRIA BASADA EN CONDICIONAR NUESTRO LIBRE ALBEDRÍO


Un control planteado mucho más allá de lo que entendemos dentro de este entorno físico de la tercera dimensión, y del que a través de nuestro libre albedrío se nos condiciona una y otra vez a repetir ciclos dentro de esa rueda, de forma que no nos planteemos el salir de esta cárcel para seguir siendo explotados, con la promesa de la luz al final del túnel.


Una luz al final del túnel, que más allá de lo cinematográfico, se nos presenta a través de testigos que han experimentado experiencias cercanas a la muerte, o ECM, asociada a ese premio de eternidad, paz y reunión con nuestros seres queridos, bajo la promesa “de ir al cielo”, cuando realmente es una pasarela que nos devuelve al circuito de reencarnación.

Una pasarela que a modo de cinta transportadora, nos lleva hacia la luz como si fuéramos meros productos que volverán a ser procesados, tras un borrado de memoria y posterior preparación y puesta a punto, para volver a ser convencidos de que en efecto hemos de volver a la granja prisión, bajo reproche, sentido del deber o culpa, de una deuda kármica.

EL INTERÉS DE QUE NO SALGAMOS DE LA RUEDA


La experiencia vital y de aprendizaje en la tercera dimensión que habitamos, tiene un precio en su pasaje para poder disfrutarla. Esta moneda de cambio, bautizada como loosh, se cosecha a partir de las experiencias de los seres vivos, ganado dentro de esta granja prisión para aprovechamiento energético. No solo a nivel económico material, sino etérico o sutil.


Nos cuesta creerlo porque no lo vemos con nuestros ojos, de igual forma que los cerdos de una granja, no intuyen que serán sacrificados para servir como alimento. En nuestro caso, la muerte física y material, es la mayor entrega de esta energía sutil, que tiene por objeto nuestro precio de estancia. De igual forma que nosotros cosechamos, se nos cosecha.

En menor grado, la fricción de nuestro ser interno con esta realidad, genera también este beneficio energético sutil, a través del sufrimiento y altibajos emocionales, pero sin duda la cosecha de la muerte es “el premio gordo”. Objetivo para los diseñadores de este circuito de abastecimiento energético, en el que la principal fuente a explotar, es el alma una vez convencida.

SALIR DEL CIRCUITO TRAMPA Y AVANZAR EN LA EXPERIENCIA


Tiene mucho sentido que a la muerte siempre se la ha representado con una guadaña para la siega. Es una cosecha literal. Pero el hecho de dibujar a la muerte como algo siniestro, acerca de lo que nadie quiere hablar, al ser una realidad inevitable, hace que olvidemos que se trata de un proceso científico como cualquier otro, del que ignoramos más que sabemos.


Y que el hecho de esta energía, o esta onda o campo de ondas, cuyo origen de emisión desconocemos, y que hace que funcione este contenedor al que llamamos cuerpo, como un mero dispositivo receptor, es lo que realmente cuenta, existiendo un proceso de transferencia de contenedor a contenedor, o de cuerpo a cuerpo, que desconocemos.

Una vez tengamos acceso a este conocimiento, y aprendamos el mecanismo de transferencia, no nos veremos obligados a pasar por los cauces diseñados, para la explotación energética del ser humano, sino que seremos dueños de nuestro proceso. Por el momento, nuestra capacidad y herramienta más poderosa, es el libre albedrío.

Un libre albedrío inherente a nuestra capacidad creadora, del que nos podemos servir para decretar qué es lo que queremos hacer y hacia dónde queremos evolucionar, tanto en este plano, como en otros planos y estados de consciencia, de los que ahora no tenemos memoria, pero por los que sin duda hemos pasado, ya que gracias a ese tránsito, estamos hoy aquí.

Somos antihéroes en un mundo que ha dejado de creer en los hombres buenos.

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